{"id":242327,"date":"2022-06-27T10:22:52","date_gmt":"2022-06-27T08:22:52","guid":{"rendered":"https:\/\/pisofranco.gal\/artigos\/2022\/06\/27\/241180-242327\/"},"modified":"2022-06-28T10:39:21","modified_gmt":"2022-06-28T08:39:21","slug":"241180","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pisofranco.gal\/es\/artigos\/2022\/06\/27\/241180-242327\/","title":{"rendered":"Historias de un hombre que contaba historias"},"content":{"rendered":"<p>Era una alameda rodeada de calor tropical. El centro de la alameda estaba dominado por un c\u00edrculo de tierra y justo en medio colocaron una silla escolar. All\u00ed se sent\u00f3 y comenz\u00f3 a contar historias. Pasaba del mediod\u00eda, que dicen que no son horas para contar historias porque est\u00e1 el cerebro est\u00e1 intentando deshacerse de las endorfinas de la comida. Hab\u00eda expectaci\u00f3n y ruido al mismo tiempo. No ven\u00edan del mismo lugar, pero armonizaban bien, igual que historias que parecen ex\u00f3ticas, pero son como de toda la vida.<\/p><p>En la fotograf\u00eda que me queda en la memoria, con la imagen cambiante, con el laberinto azaroso de no saber qu\u00e9 partes se perdieron, cu\u00e1les son reconstrucci\u00f3n y cuales arqueolog\u00eda, hay ni\u00f1as vestidas de uniforme escolar con una talla menos de la que necesitar\u00edan. Est\u00e1n sentadas, inquietas, ruidosas y dejan una distancia exagerada con respecto a ese hombre sentado para contarles historias. Quiz\u00e1s lleve una camisa oscura o quiz\u00e1s sea una concesi\u00f3n de mi memoria. Se sienta y comienza a hablar. En la foto de la memoria no est\u00e1 el argumento, s\u00ed est\u00e1 el humor ir\u00f3nico en lo contado. Pero el final es tierno. Esa distancia recorrida, entre la iron\u00eda y la ternura, es la verdadera imagen de la foto que conserva la memoria. Por sorpresa.<\/p><p>En el centro de aquella alameda, en el centro de la foto memor\u00edstica, a pesar de las imprecisiones est\u00e1 Xabier P. Docampo (R\u00e1bade, 1946; A Coru\u00f1a, 2018) dando su combate cotidiano contra todo lo que no merece pasar. Estaba all\u00ed y podr\u00eda haber hecho otra cosa, pero decidi\u00f3 que el final de una historia con cierta crueldad ir\u00f3nica deber\u00eda acabar con un gesto tierno. Porque Docampo, en su sentido justo del mundo, pensaba que las historias deben finalizar bien. Deben finalizar con bien. Deben ser para bien.<\/p><p>La memoria se comporta de manera aleatoria, pero debe de ser que no la entendemos. Tendr\u00e1 razones. As\u00ed que Xabier P. Docampo se me aparece en el centro de esta historia en la que yo era un espectador fugitivo y mi responsabilidad no pasaba de prestar atenci\u00f3n. Aparece con esa media distancia en cuanto comienzo a leer obituarios, biograf\u00edas urgentes, homenajes justificados y toda la literatura postraum\u00e1tica de la que somos capaces para intentar aliviar el dolor.<\/p><p>Despu\u00e9s pienso, desde cierto raciocinio que no es para este momento, que en Galicia tendr\u00edamos que mirarnos muy seriamente esto: que solo consigamos unanimidad cuando alguien desaparece. Y, para evitar esa sensaci\u00f3n de estar fuera de lugar, rebusco en la memoria ese momento de historia en el que Docampo hac\u00eda broma sobre las opiniones manifiestas de escritores difuntos. Y hay que comenzar por ah\u00ed: por su sentido de humor rebelde y por su falta completa de impostura. Eran dos partes del mismo asunto en relaci\u00f3n con la vida. Trataba las personas con el mismo sentido del humor: acercaba los amigos y pon\u00eda distancia sarc\u00e1stica con las sombras que solo aparentan ser gente de bien.<\/p><p>Xabier P. Docampo sent\u00eda admiraci\u00f3n por la seducci\u00f3n que ejerce el miedo como argumento literario y por el mecanismo con el que se cuentan las historias. Es posible que todo sea la misma ciencia y el escritor ejerciera esa fascinaci\u00f3n de las historias contadas: de saber el manejo y aun as\u00ed conservar el sentido de la magia, de saber que asumir la labor de contar trasciende los argumentos: siempre queda algo que no se puede predecir y ese algo es lo que se vuelve literatura. Lo que no se puede medir.<\/p><p>No se puede medir la tormenta que provoca la muerte de gente valiosa. En alguno de esos corros que se forman entre gentes de mucho hablar antes y despu\u00e9s de actos p\u00fablicos Docampo ironiz\u00f3 alguna vez sobre cuanto ganar\u00eda la literatura mundial si los elogios p\u00f3stumos a los escritores se hicieran con ellos en vida. La memoria est\u00e1 casi segura de que finaliz\u00f3 la frase diciendo \u00abaunque yo no tengo queja ninguna\u2026\u00bb y dej\u00f3 los puntos suspensivos de la iron\u00eda porque todo vale m\u00e1s cuando tiene doble sentido. Es una cuenta f\u00e1cil de echar.<\/p><p>La memoria encadena secuencias como quien une citas de libros diferentes. Alguien dir\u00eda que es postmodernidad, pero seguro que antes ya exist\u00eda. Va lanzando la imagen de Xabier en actividades m\u00e1s o menos entretenidas, en la conversaci\u00f3n con chispa -que s\u00ed, Xabier, que es castrapo, pero es que soy de Ourense\u2026- y en la sensaci\u00f3n que siempre me qued\u00f3 de que era capaz de conservar el humor necesario para colocar las cosas en su lugar: bajar a los santos, subir a la gente. De que era alguien capaz de jugar con las cosas con toda su seriedad. Siempre falta gente as\u00ed, pero ahora m\u00e1s.<\/p><p>Luego tambi\u00e9n est\u00e1 Calvino. Pero no el te\u00f3logo de la reforma protestante, sino ese escritor italiano que tambi\u00e9n sent\u00eda admiraci\u00f3n por los mecanismos de contar, que emboscaba los lectores en la f\u00e1bula y los hac\u00eda andar. Todos los caminos de Docampo, como los de Calvino, llevan al lector. Llevan hasta \u00e9l y luego llevan el lector hasta donde quiera ir. Y debe ser un viaje que paga la maravilla porque aparecen los prodigios y las naturalidades. Aparecen los dibujos en el horizonte y las palabras escritas en el cielo. Aparecen todas esas cosas que son de este mundo pero que hay que buscar para que sigamos conservando el humor y miremos todo de frente como hac\u00eda Xabier P. Docampo que, en ocasiones, aun me discut\u00eda por quitarle la P del apellido para abreviar en los titulares. Preguntaba si ten\u00eda hambre de letras.<\/p><p>Est\u00e1 Calvino y le\u00ed estos d\u00edas que muri\u00f3 qui\u00e9n hab\u00eda sido su mujer, Esther Judith Singer, y vuelven las conexiones inciertas de las neuronas. Est\u00e1 tambi\u00e9n por otro capricho de las cosas. Italo Calvino naci\u00f3 en La Habana, all\u00ed se cas\u00f3, y as\u00ed puedo cerrar el c\u00edrculo del hombre con camisa oscura en medio de la alameda habanera, rodeado de pioneras a las que les cuenta una historia con un sentido del humor que finaliza en la ternura. Hab\u00eda ru\u00eddo y calor. Cosas que ahora mismo nos ser\u00edan necesarias.<\/p><p class=\"wp-block-verse\"> Este texto fue publicado en el suplemento T\u00e1boa Redonda, de El Progreso y Diario de Pontevedra. 3 de julio de 2018. <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Xabier P. Docampo nos desapareci\u00f3 la semana pasada. La memoria nos devuelve su actitud de contador de todas  las historias y de ese humor que practicaba para bajar a los santos y subir a la gente. (Hace cuatro anos de este texto y algunos m\u00e1s de las historias pero ser, siguen siendo las mismas).<\/p>\n","protected":false},"author":51,"featured_media":242108,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"footnotes":""},"categories":[199],"tags":[],"class_list":["post-242327","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-fatiga-ocular-es"],"acf":[],"post_template":"reportaxe","post_subscription":"no","pretitle":"","content_extract":"Era una alameda rodeada de calor tropical. El centro de la alameda estaba dominado por un c\u00edrculo de tierra y justo en medio colocaron una silla escolar. All\u00ed se sent\u00f3 y comenz\u00f3 a contar historias. 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