{"id":63091,"date":"2021-04-19T21:46:02","date_gmt":"2021-04-19T19:46:02","guid":{"rendered":"https:\/\/pisofranco.gal\/2021\/04\/19\/step-inside-63091\/"},"modified":"2021-08-17T21:36:54","modified_gmt":"2021-08-17T19:36:54","slug":"step-inside","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/pisofranco.gal\/es\/artigos\/2021\/04\/19\/step-inside-63091\/","title":{"rendered":"Step inside"},"content":{"rendered":"<p>Para entrar en el bosque hay que aceptar tres condiciones. Los \u00e1rboles son met\u00f3dicos, resisten en pie, sin alinear, al mejor sol del d\u00eda. Mueven suavemente los rumores como los pasillos despu\u00e9s de una dimisi\u00f3n. <\/p><p>Hay un monte sin adornos, algunas muestras de abandono, un camino sin alternativas y una cancilla que civiliza el conjunto. Es una tarde de verano lenta y pesada. Todo duerme menos los grillos. Cantan desde dentro desconociendo los llamados de sirena, pero manteniendo su poder hipn\u00f3tico. Intentan reubicar r\u00edtmicamente un mundo en agitaci\u00f3n. Se detiene delante de la cancilla. Lleva pantalones cortos y botas viejas. Llega rodeando el cierre de la finca y atravesando un camino de mimosas reviejas. Para, pero la cancilla no tiene candado ni pasador. Se detiene por pura educaci\u00f3n disciplinaria, cuesti\u00f3n simb\u00f3lica. La puerta lo supera de alto. Fue construida sin habilidad diez a\u00f1os atr\u00e1s y el \u00f3xido ya atac\u00f3 con paciencia las bisagras que descansan contra un uso exagerado de los perpia\u00f1os. El chaval aguanta en la puerta para intuir. Observa mientras juega sobre las marcas que dej\u00f3 hace mucho tiempo un tractor grande. Pesan sobre \u00e9l algunas prohibiciones indiscriminadas, la timidez natural de los callados y el empuje de la huida. Pesa la conciencia de que todo el mundo duerme, pero \u00e9l escogi\u00f3 la rebeld\u00eda de la vigilia. En los cortos paseos por el umbral pesan las advertencias, los castigos llegados y por llegar, la voz de la motosierra que se hace notar en la lejan\u00eda en el sentenciado robledal y la amenaza constante con estar preparado para el d\u00eda que el porvenir \u2013que palabra- est\u00e9 de cuerpo presente. <br><br>Pero los grillos cantan. Para entrar en el bosque hay que aceptar tres condiciones. La indiferencia es una de las virtudes de los \u00e1rboles. No lamentan la mala fama que le atribuy\u00f3 el miedo infantil, ni la ambici\u00f3n transformadora de la industria cultural. Son indiferentes y quiz\u00e1s por eso caen. Son indiferentes y por eso resisten. <\/p><p>Tras la cancilla parece otro mundo. La armon\u00eda que promete no le vale al chaval para casar la monodia de los grillos con una canci\u00f3n que escuch\u00f3. Le da vueltas a la melod\u00eda pero desborda al ritmo. Silba, mira dentro y va distrayendo el tiempo de su indecisi\u00f3n contando los hierros de la puerta. Ocho en cada hoja. Ocho ovejas muertas por dientes de lobos o perros silvestres que recuerda de una ma\u00f1ana de invierno cuando su padre explic\u00f3 los peligros de las noches cerradas. Mira dentro. Los robles reposan sobre las curvas del terreno. <\/p><p>Para entrar al bosque hay que aceptar tres condiciones. Los \u00e1rboles no saben que hacen bosque. Por eso no se quejan de la responsabilidad de cargar con las leyendas, ni con el imaginario colectivo, ni con la memoria personal. Toda esa carga les resbala de arriba a abajo como cualquier otra cosa natural. Sin embargo, la cultura dice que cuando un bosque se transforma en gente y avanza los dictadores caen envueltos en su propio fuego. <\/p><p>Al empujar la cancilla un ruido espanta a los p\u00e1jaros de su siesta. Poco uso. El batir de alas calma, los grillos callan y remite la intranquilidad de tanta polvareda. La puerta desaparece como quien levanta las fronteras pero el chaval permanece fuera. Ignora las magias de la promesa mientras comprueba como cada parte del bosque est\u00e1 en su lugar. Se resiste a abandonar la tierra de nadie, detenido donde nadie se detendr\u00eda. Resiste como los tejos porque la primera condici\u00f3n para entrar en el bosque es someterse. &nbsp; &nbsp; &nbsp;<\/p><p class=\"wp-block-verse\">Este texo fue publicado en \nVieiros.com en el verano de 1998.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para entrar en el bosque hay que aceptar tres condiciones. Los \u00e1rboles son met\u00f3dicos, resisten en pie, sin alinear, al mejor sol del d\u00eda. Mueven suavemente los rumores como los pasillos despu\u00e9s de una dimisi\u00f3n. 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